El cambio climático es una emergencia

Hay que pensar en lo global y actuar glocalmente. Los registros recientes obtenidos en el observatorio de Mauna Loa, en Hawai (EEUU) no ofrecen dudas. Se hallan por encima de las 418 ppm de concentración de C02, en la atmósfera. La curva de Keeling muestra los cambios de concentración de C02 en la atmósfera desde 1958 y se basan en las mediciones tomadas en aquel observatorio del Océano Pacífico, bajo la supervisión de quien dio nombre a la curva: Charles David Keeling. ¿Cuál es el problema? Que hace diez años las ppm, eran 393. Y que el nivel seguro está en 350. En mi libro S.O.S. Emergencia climática. El futuro de la Humanidad en peligro (Utopía libros, Córdoba,2020), recojo esta novedad sobre la información meteorológica y climática.

El acuerdo de París de 2015 establece que para mitigar los efectos del cambio climático el incremento medio de la temperatura a finales de este siglo XXI no debe superar los dos grados centígrados respecto a los niveles preindustriales. Julio de 2019 fue el mes con la temperatura media mundial más alta conocida (16,6º C). Soy optimista, no quiero ser catastrofista, pero las evidencias científicas, esas que cuatro estúpidos e ignorantes negacionistas rechazan, son las que son y no admiten discusión, entiéndase racional y verificable. Veremos a ver qué pasa este verano con la temperatura. A mediados de mayo -libertad, libertad para movernos a todas partes, ya vimos las aglomeraciones insensatas e irresponsables-, las temperaturas alcanzaron los 35ºC, en el sur de nuestro país. En el citado libro incluyo opiniones de grandes científicos que nos precedieron como Darwin, Von Humboldt o el norteamericano Perkins Marsh (1801-1882), quien en su obra Man and Nature describe un futuro perturbador: “Si no cambiamos, el Planeta acabará en un estado de superficie destrozada, excesos climáticos, y podríamos llegar a la extinción de la especie humana”. ¡Perkins fue premonitorio! En 2014, la UE se comprometió a reducir para 2030 un 40% las emisiones de GEI, respecto a 1990.

La UE quiere aprobar una ley climática que recorte las emisiones en un 55%, y que el 32% del consumo final de energía sea renovable para 2030. Alemania se plantea llegar al 65%. Esto obligará a revisar 54 leyes comunitarias que incluyen eliminar los vehículos de combustión para 2035 y multiplicar los puntos de recarga de los coches eléctricos, entre otros aspectos. Tras la nefasta era Trump, la llegada de Biden a la Casa Blanca abre esperanzas en la lucha contra el cambio climático a nivel mundial. La pandemia del Covid-19 se ha cobrado ya más de 3,39 millones de vidas en todo el mundo; en España, cerca de 80.000 víctimas. Una tragedia que seguimos sufriendo tanto en lo emocional, en la sanidad pública, desbordada, y que requiere de más recursos humanos y técnicos, y en el desastre económico para miles de familias y para la economía en general. Ahora la prioridad es el Covid-19 y la vacunación masiva de la población mundial cuanto antes, pero no debemos olvidarnos de lo que viene: el cambio climático. En España, el Congreso aprobó en may, la primera Ley de Cambio Climático y Transición Energética que establece objetivos para la plena descarbonización de la economía en 2050, sustituyendo los combustibles fósiles por energías renovables. En 2030 se prevé en España un consumo final de energía de un 40% de renovables. La ley contempla una revisión al alza de sus objetivos para 2023, que para algunos grupos políticos son insuficientes.

En Andalucía, disponemos desde octubre de 2018 de una ley de medidas frente al cambio climático y para la transición a un nuevo modelo energético en Andalucía, que fue pionera en España, junto a Cataluña y Baleares. En el preámbulo, la ley andaluza establece que la Administración pública debe asumir un papel ejemplarizante, junto a las empresas. El 1de diciembre de 2020, la Junta (PP, Cs) aprobó un decreto-ley que modificaba la Ley 8/2018 de 8 de octubre, aprobada por el PSOE, para que los proyectos de compensación de emisiones afecten a terrenos de titularidad pública, pero también privados. Aquí hubo criticas a la Junta por entender que se abría la veda para el desarrollismo turístico en nuestras costas, rebajando las exigencias de impacto ambiental. En Octubre de 2020, en esta misma tribuna preguntaba a la Junta, si las diferentes Consejerías implicadas tienen en cuenta esa ley de cambio climático. No dudo de que se estén haciendo cosas, pero me temo que la aplicación de esa ley no está entre las prioridades del Gobierno Andaluz. Y es grave, no tomar decisiones de emergencia climática. No imagino una Andalucía interior vaciada, pero sino actuamos ya, para mitigar el Cambio Climático, peligrará la supervivencia de muchos pueblos y ciudades. ¡Y el que avisa, no es traidor!

Fuente: Diario de Sevilla